Miércoles 05 de Noviembre: LA ELIMINACIÓN DEL PECADO/IMPUREZA
¿Qué participación tenían el sacerdote y la persona en los sacrificios descritos en los siguientes versículos? Levítico 4:5-7, 28-31.
Varios ritos eran importantes cuando se procura comprender las ofrendas de sacrificios. Cuando el pecador arrepentido traía la víctima para el sacrificio al Santuario, ponía una mano sobre la cabeza del animal y se apoyaba en ella. En los sacrificios diarios, el poner las manos encima estaba asociado con la frase: “Y será aceptado para expiación suya” (Lev. 1:4), indicando que el pecador se identificaba totalmente con la víctima sacrificial. Esta víctima, en ese momento, ocupaba su propio lugar delante de Dios, llevando el pecado de la persona.
La víctima sacrificial era usualmente matada por la persona que la traía, aunque había excepciones (Lev. 1:14, 15; 5:8). Este acto de sacrificio es especialmente significativo cuando se pone en contexto con el estado de culpa y separación en la que se encontraban los pecadores arrepentidos. Por causa de la violación del Pacto, los pecadores se estaban dirigiendo hacia la muerte, pero la muerte era actualizada en la víctima sacrificial, no en el pecador arrepentido, cuya vida era entonces preservada por Dios. El pecado y el castigo no pueden ser separados entre ellos. La transferencia de uno implica la transferencia del otro. Esto encuentra su cumplimiento en la muerte de Cristo en la cruz, donde nuestro pecado fue transferido a él y donde él murió la muerte que debía haber sido nuestra.
Además de poner las manos encima y matar al animal, otro rito era llevar la sangre al Santuario, el medio por el cual el pecado era llevado allí. En algunos casos, la sangre era salpicada dentro del Tabernáculo (Lev. 4:6), y en otras ocasiones era aplicada a los cuernos del altar del sacrificio (vers. 30). Cuando el pecado no era llevado al interior del Santuario de esta manera, era transferido por medio del sacerdote a él. En esas ocasiones, él tenía que comer la carne de la ofrenda por el pecado, llevando así el pecado de la gente en su propia persona (Lev. 10:17). Dios estaba asumiendo la responsabilidad por el pecado de los pecadores arrepentidos. Esto señalaba al ministerio sumosacerdotal de Cristo en nuestro favor.
Piensa en el significado de estos sacrificios y lo que ellos señalaban: Cristo, que muere en lugar de nosotros por nuestros pecados. ¿Cómo debería impactar la realidad de su muerte en nuestra vida diaria? Pero, más importante aún, ¿de qué manera esa muerte te impacta en tu propio caso? |